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Manifiesto de un Arqueólogo

Posted by liebana on Martes, 19 Enero, 2010

arqueologoMe parece interesante la reformulación de la definición de “Arqueólogo” que hace Manuel J. Torres (arqueólogo de Jaén) por cuanto la visión que de esta profesión pervive en nuestra sociedad no se ajusta en nada a la realidad que vivimos los que a ella nos dedicamos.

El Manifiesto se puede descargar en formato word desde el siguiente enlace:

http://www.iuventa.org/index.php/Empezar-descargamiento/Documentos/70-MANIFIESTO-DE-UN-ARQUEOLOGO.html

MANIFIESTO DE UN ARQUEÓLOGO

“Ah, tu eres de los de la brochita”, “que guay, como Indiana Jones” o “arqueólogo, ¿de los que paran las obras?”. Estos y otros comentarios, que no nombro porque sería interminable la lista de típicos tópicos sobre la arqueología y sobre los arqueólogos, forman parte del pan de cada día en la vida de un arqueólogo. Por eso en este manifiesto, que no es otra cosa que una serie de reivindicaciones por parte de un humilde arqueólogo, intentaré esbozar de manera amena y sencilla en que consiste el trabajo en arqueología y el papel del arqueólogo en la sociedad. De manera que no puedo, ni quiero empezar de otra forma que agradeciendo a Iuventa y a Rafael Cámara a título personal, el hecho de apostar por el patrimonio arqueológico  giennense y por dar cabida a tanta gente como yo que luchamos y sufrimos desde nuestra “fidelidad patriótica” para con nuestra desdichada ciudad.

¿Qué es un arqueólogo? Pues….esta es la pregunta del millón. Atendiendo a la definición que aparece en el diccionario de la RAE es aquel profesional que se dedica a estudiar las antiguas civilizaciones a través de los monumentos y objetos que han perdurado en el tiempo. Siendo así es comprensible la visión estereotipada que existe sobre este trabajo, somos las personas que extraemos objetos que luego serán exhibidos en los museos. Esta falacia conceptual no es otra cosa que la herencia que aún arrastramos del arqueólogo del s. XIX, donde el único interés que tenía esta ciencia (que en el s. XIX era considerada como una disciplina de la historia) era exhumar tumbas egipcias o ciudades enteras como Troya o Pompeya, donde alcanzar la gloria mediática. Ya que este pensamiento es un anacronismo que no encaja en la sociedad actual, una definición que se asemeja más al arqueólogo del s. XXI es la persona que tiene como función documentar de manera científica cualquier vestigio histórico que pueda ser dañado o eliminado debido a los nuevos planteamiento urbanísticos o constructivos, y posteriormente establecer la protección necesaria y una difusión adecuada para el conocimiento de la historia de un lugar, que pueda ser accesible al resto de la sociedad.

De manera que, nuestro trabajo va íntimamente ligado a la construcción, y con este párrafo espero dejar lo suficientemente claro el hecho de que NO PARAMOS LAS OBRAS. Es decir, para que un promotor pueda construir en una parcela situada en el casco urbano o en una Zona Arqueológica como Marroquíes Bajos, necesita un informe arqueológico favorable que le permitiría construir legalmente. Por tanto, la excavación arqueológica forma parte de la dinámica de un proyecto constructivo que necesita una memoria de la actividad que aconseje excavar para poder solicitar la licencia de obras. Pues bien, dicho esto, en algunas ocasiones si paramos las obras, o mejor dicho, ralentizamos el ritmo constructivo. ¿Por qué? Porque simplemente aparecen restos arqueológicos en parcelas que no estaba previsto dicha presencia y se hace imprescindible documentar los vestigios encontrados, ya que como he explicado con anterioridad ese es nuestro trabajo. ¿Ha quedado claro?

Siendo así, que el arqueólogo no es otro aspecto más de la sociedad actual, cuya finalidad es documentar y proteger un bien intangible como es nuestra historia, y un bien tangible como es el patrimonio heredado de ésta. Somos unos trabajadores más dentro del ámbito laboral, con un horario establecido, con una formación necesaria para ejercer dicha profesión y con un reconocimiento social que brilla por su ausencia, y que deja patente la disfunción  de valores que existe en nuestra sociedad, y en su élite política en particular. Un arqueólogo es aquella pieza del engranaje constructivo que sobra, que incluso llega a molestar, que se le ignora hasta límites insospechados, y al que nunca se le reconoce el esfuerzo que realiza para con la comunidad, en pro de que ésta conozca su pasado, y aunque suene a frase políticamente correcta, pueda afrontar su presente.

Pues bien, no todo es culpa de las áreas políticas o económicas de la sociedad (recuerden la famosa frase “… menos arqueología y más ladrillo…”), sino que nosotros mismos hemos sido incapaces de ofrecer una imagen cercana y afable al resto de la gente. Hemos vivido y explotado hasta la saciedad el halo de misterio del arqueólogo aventurero, conocedor de los entresijos de las historias más increíbles y “encontrador” de tesoros que tiene que repartir con el resto de acompañantes, Esta actitud está cambiando, aunque hay que reconocer que esta barrera es algo que el mundo profesional de la arqueología esta superando y al que el mundo académico se aferra como un señor a su feudo. Y digo el mundo profesional, porque en Jaén hemos tenido varios ejemplos de arqueólogos profesionales que nos han abierto, de manera desinteresada, las puertas de sus intervenciones arqueológicas (después de pelear con las distintas administraciones) para que la gente de a pie tenga derecho a conocer su pasado y el patrimonio arqueológico de su ciudad. Algunos ejemplos de ello, fueron las visitas guiadas al solar de la futura Ciudad de la Justicia (excavación arqueológica que supuso un punto de inflexión en la arqueología de Jaén) llevadas a cabo por Vicente Barba o en la reciente visita al lienzo de muralla calcolítica excavada por Antonio Crespo.

A modo de conclusión, quería expresar la satisfacción que me produce poder escribir este texto, ya que creo que ayuda a comprender de primera mano, y de forma breve, la visión del arqueólogo visto desde un arqueólogo.


Continúa el culebrón de Medina Azahara

Posted by liebana on Martes, 24 Noviembre, 2009

spidlsd2ABC sigue abundando en el tema de la gestión del yacimiento.

http://www.abc.es/20091124/cordoba-cordoba/traspaso-gestion-medina-azahara-20091124.html


A la Junta de Andalucía le llueven las críticas por su gestión patrimonial

Posted by coordinadora on Lunes, 23 Noviembre, 2009

spidmesc3Hoy, día 23 de noviembre de 2009, el periódico ABC, en su edición nacional, publica una entrevista con el Profesor y Académico Martín Almagro en la que crítica abiertamente el amiguismo que dirige la gestión del patrimonio transferido a la Junta de Andalucía y que, por su interés, reproducimos a continuación:

El académico insiste en que es urgente que España excave su primer galeón
Hablar con Martín Almagro de esta situación es desalentador. Su diagnóstico es más pesimista que cualquier otro. Se indigna al pensar en cómo se permitió actuar a Odyssey y lo compara con alguien que entrara a robar en un yacimiento romano… «Detecto en la Junta que muchos responsables son incompetentes o mafiosos porque si no no se explica lo ocurrido en el yacimiento submarino más importante del mundo, que se supone que está a su cargo».
El arqueólogo y académico denuncia «la falta de medios y gente capacitada. Aquí quitan unas vigas de la Mezquita y luego salen a la venta en Sotheby´s, y ¿ha dimitido alguien? O pensemos en Medina Azahara, un yacimiento único en el mundo, que ha sido urbanizado ilegalmente y con una sentencia del TSJ andaluz que lo condena no se ha puesto remedio…»
Sobre el roce por el convenio con Defensa para que participen barcos de la Armada dice que «si eso se llega a hacer con eficacia sería una enorme ventaja para Defensa porque experimentarán en campos complementarios a su labor, y para Cultura por el respaldo tecnológico al patrimonio. Además, conjuntando esfuerzos se rentabilizarán los gastos.»
La principal misión será ahora «fichar personas capaces y no amigos, porque es un tema complicado y técnico. Uno no pide pilotar un avión a un amigo, sino a un buen piloto, y aquí habrá que saber pilotar la gestión y la tecnología».
El siguiente paso, «si este se logra, y soy escéptico, es montar en equipo un ambiente de trabajo, porque tenemos el mayor patrimonio del mundo, y jerarquizar los medios y los fines: es urgente empezar por un galeón, porque la primera navegación global que hubo es patrimonio de la humanidad».
«Esta es una labor de nuestra generación y lamentaremos no llegar a verlo así. No es sólo el problema de la Junta. El Estado, por la Constitución y otras leyes, tiene la obligación de efectuar esta labor y no puede mirar a otro lado. Si no lo hacemos será la sociedad entera la que falla. La democracia debe exigir que hagan lo que tienen que hacer, eso no es pasarse de críticas. Basta de gente que cree que democracia es envolverse en la bandera de su pueblo».