Piedra a piedra se va eliminando historia que nunca vamos a poder recuperar” (1/2)
En Córdoba, desde que eres pequeño, escuchas hablar sobre restos arqueológicos. Para muchos, quizás la mayoría, son un incordio que retrasan obras o encarecen infraestructuras. Para otros, demasiado pocos, son un valor a proteger, una fuente de conocimiento, una mina de oro, un enorme y potencial yacimiento de empleo. Lamentablemente, nuestros políticos siempre han pertenecido más a los del primer grupo que a los del segundo o, al menos, así han actuado. En un modelo que se alimentaba de la especulación urbanística la preocupación por la arqueología era un inconveniente. Creo que, ahora que estamos en crisis y deberíamos reflexionar más profundamente, podríamos reinventarnos y recuperar para la arqueología y la protección del patrimonio el lugar que merecen. ¿Qué tal si comenzamos a escuchar a los que saben?
Hoy presento la primera parte de una entrevista doble realizada a dos personas del ámbito de la arqueología. A lo largo de la misma entenderéis por qué no doy sus nombres. Ojalá pudiésemos cambiar eso. Sería un síntoma de que vamos por el buen camino.
-Desde un punto de vista técnico, ¿qué interés tiene la arqueología en la ciudad de Córdoba?
A: Bueno, eso se resume pronto: capital de la Bética, la provincia del Imperio Romano más romanizada del occidente europeo; cuando cae Roma se convierte en una especie de república independiente que le echa un pulso al mismísimo ejército visigodo durante 30 años; cuando la conquistan los visigodos será sede regia; cuando la conquistan los árabes la convierten en capital de al-Andalus; luego será capital del califato y, en esa época, tendrá una extensión que todavía hoy no hemos recuperado; tras la conquista cristiana es avanzadilla para la conquista de Granada y la sede militar más importante del sur de la Península. De cada una de esas etapas Córdoba tiene una huella arqueológica imprescindible para entender la historia española y universal, con restos que son Patrimonio de la Humanidad no por casualidad. Sólo hay que ver la nómina de expertos de medio mundo que, para entender el arte romano o el islámico, tienen que pasar por aquí. Y la lista es enorme.
B: Córdoba es una de las ciudades históricas cuyo poblamiento histórico tiene mayor antigüedad. Es decir, es una ciudad que se forma como tal en época romana pero desde la prehistoria tenemos núcleos de hábitat en varios puntos del actual urbanismo como son las zonas del Parque Cruz Conde o Campo de la Verdad. Por otra parte el urbanismo de época bajomedieval ha quedado fosilizado en el callejero del casco histórico, el cual sólo se vio transformado a partir del siglo XIX con el derribo de las murallas y los ensanches urbanísticos en lo que hoy día es el centro de la ciudad.
-¿Cómo se trata la arqueología en la ciudad, en la sociedad, en la política?
A: Mal. Muy mal. Socialmente no se entiende. Políticamente no interesa. En Córdoba hay un sentido tremendamente cateto de lo que se entiende por modernidad. No se ha asimilado, por parte de casi nadie, que la Arqueología y el Patrimonio Histórico y la Cultura es lo único que le queda a esta ciudad para sobrevivir a nivel económico. Es lo único que nos hace distintos.
B: Hay dos visiones de la arqueología y del patrimonio en Córdoba. Socialmente hay quien piensa que sólo es un lastre y quien se siente orgulloso de nuestro pasado. Los primeros suelen mostrar esa opinión por desconocimiento o por intereses urbanísticos. Los segundos suelen ser sectores con cierta educación o curiosidad que les hace valorar lo que poseemos. En la política, a nivel local o municipal, jamás he visto el mínimo interés por la arqueología -entendida como la investigación y puesta en valor de los restos arqueológicos-, en cualquier ideología política.
-¿Es muy diferente ese trato en otras ciudades? ¿Qué ciudad pondríais como ejemplo positivo en el ámbito arqueológico?
A: Sí, en muchas. Sobre todo en el aspecto social. En otros lugares se sienten orgullosos de su Arqueología, y así lo demuestran. Y aunque siempre hay problemas políticos y económicos en relación a los restos, ejemplos hay muchos de orgullo ciudadano: Vitoria, con su catedral; Tarragona con sus monumentos; Mérida, que vive prácticamente de la Arqueología; Murcia, donde miles de personas se manifestaron para salvar un yacimiento; Carmona, donde las excavaciones no les cuestan dinero a los promotores y se hacen visitas a todas ellas… Eso aquí es una utopía, una lejana utopía
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B: Hay ciudades en las que la población está concienciada e incluso exige la conservación de los restos, como por ejemplo acaba de suceder en Murcia, y otras en las que la clase política es la que apuesta por la puesta en valor del patrimonio arqueológico como principal fuente de recursos turísticos, y por lo tanto económicos, como es el caso de Mérida. En este último caso sólo hay que ir allí para ver la diferencia. E incluso hay ciudades en las que la expansión urbanística se ha paralizado para poner en valor los restos, como ha ocurrido en Toledo, en la zona de la Vega Baja, donde ha salido parte del urbanismo visigodo. Allí no sólo se han paralizado las obras, sino que se están llevando a cabo campañas de excavación, un centro de interpretación y jornadas de difusión.
-¿Qué os sugiere la tan manida frase “si, total, son cuatro piedras…”?
A: Estupidez en grado sumo. Yo la contesto siempre con otra frase: “hay que viajar más”. Me gustaría invitar a todos los que dicen eso a ver lo que cuatro piedras dan de sí en ciudades como Roma, Mérida, Tarragona, Nimes, Mértola, Carcasona, Pompeya…. Lo mismo algunos que dicen eso están ahora en paro y podrían estar trabajando en lugares como estos, pero la estupidez es lo que tiene.
B: Esa frase es como la del anuncio del Ministerio de Medio Ambiente en la que dos adolescentes se están maquillando y una tira el papel al WC y la otra le recrimina por ello, por gastar agua, pero le responde que “Total, por unos litros…“. Es la misma visión y el mismo problema, piedra a piedra se va eliminando historia que nunca vamos a poder recuperar.
-A veces tengo la sensación de que existe un silencio entre los arqueólogos sobre lo que está ocurriendo en la ciudad. ¿A qué se debe?
A: Pues a muchos factores: relaciones personales, afinidades, supuesta amistad, favores debidos… Hay muchos “arqueólogos” que lo son porque durante un tiempo hubo necesidad de ellos, no por auténtica vocación. Mientras se construía, se excavaba, y ellos recibía su dinero. Imagínate que protestabas porque tal o cual yacimiento debería conservarse… Podías dejar de excavar, y por tanto dejar de cobrar, claro, esto generaba un sistema perverso donde, por si acaso, preferías callarte. Ahora muchos se apuntan a la conservación del patrimonio, cosa que está muy bien, pero fundamentalmente porque no trabajan y, en ocasiones, como medio para presionar a los que sí lo siguen haciendo. En fin, algo muy desagradable y una pena en un colectivo tan escaso como dividido.
B: El trabajo de los arqueólogos depende de los permisos que te conceden las administraciones autonómica y municipal. Sería morder la mano que te da de comer.
La segunda parte la publicaré en los próximos días.
Algunos periodistas hacen apología de la destrucción de nuestro patrimonio” (2/2)
El pasado jueves publiqué la primera parte de una entrevista doble que realicé a dos personas del ámbito de la arqueología. El objetivo era llamar la atención sobre el modelo que en las últimas décadas ha sido muy dañino con el patrimonio histórico de nuestra ciudad. Con esta segunda parte finaliza la entrevista. Espero que haya servido para que algunas personas reflexionen.
-Del 19 al 21 de octubre se celebra en la Universidad de Córdoba un congreso internacional titulado “Las áreas suburbanas en la ciudad histórica“. Si tuvieseis una ponencia, ¿cómo la titularíais?
A: Bueno, no tengo ni tan siquiera la posibilidad de presentar una comunicación. Es un congreso muy extraño, de hecho, es el único que conozco que no las admite. Incluso el libro de este congreso será presentado el día del inicio del mismo, sin recoger en las actas las charlas o las aportaciones de las discusiones, que suelen ser lo más interesante, algo inaudito. Pero a lo que vamos, yo la titularía “Lo que nadie va a contar de las áreas suburbanas de Córdoba”, porque hay cosas muy interesantes que no van a aparecer por ningún lado, y no son necesariamente novedades. Y por las ponencias que hay inscritas, pues bueno, creo que se va a pasar de largo y se va a dar una imagen que no es la real de esa zona tan importante de la ciudad.
B: No la tendría.
-¿Qué son los arrabales califales y por qué es importante su conservación?
A: Los arrabales de época califal son barrios de la ciudad de Córdoba en esta época. Mucha gente piensa que son algo extraño a la propia ciudad, pero no, son la esencia misma de ella, la Mezquita no se podría entender sin estos arrabales. Lo que pasa que, como estaban fuera de la muralla, pues parece que no son ciudad. La Córdoba califal de la que, repito, aún (hoy, en 2010) no hemos conseguido superar sus dimensiones, era una ciudad abierta, un complicado entramado de barrios, mezquitas, huertos, áreas industriales, maqbaras (cementerios islámicos)…, organizados para abastecer ese gran estado que fue al-Andalus, a su capital y a la corte, que a su vez se concentraba en dos grandes ciudades-palacio: Madinat al-Zahira (al este, de Almanzor y de ubicación desconocida) y Madinat al-Zahra. Por ejemplo, para que nos hagamos una idea, existía un arrabal entero dedicado a la fabricación de pergaminos (al-Raqqaqin), lo que implica directamente la existencia a gran escala de libros, bibliotecas, etc., que eran abastecidas desde aquí. Y su conservación es fundamental, porque es parte consustancial de la ciudad, son también patrimonio de la Humanidad, no son simples restos. Si se hubieran conservado los que a día de hoy han sido excavados, tendríamos una de las mayores superficies expositivas y visitables a nivel arqueológico del mundo, sólo comparable con Roma, Pompeya, Cartago, Xi’An… Y, por supuesto, se hubieran generado miles de puestos de trabajo estables y sostenibles, culturales: guías, restauradores, conservadores…. Hubiese sido el auténtico motor económico de la ciudad. Hoy eso ya no es posible, porque aquí se ha apostado por la especulación y no por la economía sostenible y cultural.
B: Los arrabales califales fueron los barrios que se fueron expandiendo fuera de las murallas durante el siglo X, es decir, en el momento que Córdoba era la capital del califato de occidente y que los cronistas musulmanes de la época calculan su población en el millón de habitantes. La cifra se cree que está exagerada, pero las excavaciones de este urbanismo sí han demostrado un crecimiento que sólo en la actualidad se está volviendo a alcanzar. Su importancia radica en esta especificidad. Son un testigo de una época de esplendor en la que mientras en la meseta o en el norte de la península la gente vivía con los cochinos en las propias viviendas, en nuestros arrabales había agua potable y una red de saneamiento.
-¿Qué opináis de la intervención en el Parque Cruz Conde, reserva arqueológica?
A: Es un despropósito. El Ayuntamiento crea unas normas, que se da a sí mismo, para luego incumplirlas sistemáticamente. ¿Para qué se quiere un área de reserva arqueológica si luego vas y construyes encima? En los papeles puede quedar muy bien, pero la realidad nos recuerda cada día que este Ayuntamiento, lo ocupe quién lo ocupe, apuesta siempre por la destrucción arqueológica.
B: Habrá que ver los resultados de lo que allí se está llevando a cabo. De todas formas el problema está en cómo se concibe la zona. Allí lo que prima es el parque por encima del yacimiento. A mi modo de ver, la sola existencia de un parque -con lo que las raíces del arbolado profundizan- encima de un cerro en el que los restos están muy superficiales me parece incompatible. El Parque Cruz Conde no es una mera zona en la que salen restos, es una zona formada casi en exclusiva por los restos, es decir, es un cerro que se ha ido formando artificialmente a lo largo de su ocupación ininterrumpida durante 3.000 años. Hace más de 30 años se hicieron excavaciones y se documentó una estratigrafía -niveles de ocupación- superior a 10 metros de profundidad, y que corresponde con la Córdoba indígena, es decir, es la ciudad que se encontraron los romanos al llegar. Por comparar, es como si Ategua tuviese un parque encima.
-¿Por qué existe tan poca cultura en nuestra sociedad sobre “lo arqueológico”? ¿Creéis que tenéis alguna responsabilidad los arqueólogos por no haber sabido transmitir su importancia?
A: Aquí la Universidad ha tenido gran parte de culpa. Más de la mitad de todas las obras ejecutadas a nivel arqueológico han sido hechas por una Universidad que ha organizado una empresa privada en asociación con la Gerencia Municipal de Urbanismo. No ha existido nunca un verdadero proyecto de investigación en Córdoba y sobre Córdoba, y no digamos de difusión. Se han limitado a sacar dinero para sus publicaciones, sus congresos… Una pena. Se podía haber organizado de otra manera, enseñando a la gente la grandeza de los restos arqueológicos. Pero claro, si hacen eso, ¿cómo les explicas después que hay que destruirlos? Es complicado. Tan sólo, que yo conozca, el Museo Arqueológico de Córdoba cubre todas las etapas implícitas en la ciencia Arqueológica: excavación, investigación, publicación, difusión y conservación. De hecho, es la única institución que lleva 10 años apostando por la difusión, como forma de sensibilizar a la gente sobre lo que supone la Arqueología.
B: En la arqueología urbana, asociada a la construcción, hay muchos intereses en juego. No se trata tan sólo de transmitir.
-¿Qué le recomendaríais a un periodista local antes de iniciar la escritura de un artículo sobre restos arqueológicos?
A: Que se informara. Es su trabajo, y la mayoría no lo hace. Es duro, pero es así. Se limitan, con suerte, a repetir aquello que se les dice o las notas de prensa que les mandan. Es una pena que se ciñan a copiar, y que no pregunten o busquen contrastar la noticia, otras opiniones, otros canales de información. La historia entre periodismo y arqueología, en nuestra ciudad, es una historia de desencuentro. En algunos periódicos se han dicho cosas de los restos arqueológicos que son auténticos atentados contra el Patrimonio. Algunos periodistas hacen apología de la destrucción de nuestro patrimonio. Si por ellos fuera, aquí se debería actuar como en Bagram, tristemente famosa porque los talibanes dinamitaron dos budas gigantes esculpidos en una montaña.
B: Lo ideal sería que fueran periodistas.
-¿Qué opináis de la candidatura de Córdoba a la capitalidad europea de la cultura de 2016?
A: Pues está muy bien si ayuda para que los políticos y la ciudadanía acaben de enterarse de que la Cultura es de lo poco que nos queda en Córdoba para seguir siendo algo a nivel social y económico. Y la Arqueología es Cultura, con mayúsculas. Ahora, si sirve para que se hagan una foto, pues eso es otra cosa. Este Ayuntamiento, y la gente, tiene que cambiar mucho de mentalidad para que el lema ese “el futuro tiene raíces” sea algo más que una pose o un acto de cinismo. Es más, la Capitalidad no sería creíble si por un lado alardeas de cultura y de historia y, por otro, revientas áreas de reserva arqueológica, arrabales omeyas o acueductos romanos. No es creíble. Ahora, las administraciones tienen una magnífica oportunidad de demostrar lo que les importa la cultura y el grado de compromiso de nuestros políticos con la Arqueología: el proyecto de reforma del hospital Reina Sofía, tan necesario para todos, pasa por arrasar miles de metros cuadrados de un barrio omeya en perfecto estado, con niveles de conservación superiores a Madinat al-Zahra. Estaría bien que el proyecto se reformara (que no me digan que no se puede hacer, eso es mentira) y se adecuara, no sólo a conservar los restos, sino a hacerlos visitables. Tendrían público asegurado, puesto que pacientes y acompañantes podrían usar esta zona como área de relax y esparcimiento; darían más puestos de trabajo; sería la demostración de una ciudad volcada con su Cultura y su pasado. La pelota está en su tejado. Y espero equivocarme, pero al final los restos acabarán destruidos por una retroexcavadora mientras miles de personas se complacen viendo lo modernos que son y algunos periodistas entran en éxtasis mientras lo cuentan.
B: Por ahora la criba la han pasado las ciudades más casposas de España. Vamos a ganar seguro.
Publicado en: elnidodeljilguero.blogspot.com