No sólo sirven las denuncias, si se pierde el espíritu de consenso.
Las denuncias son el último remedio, el más desesperado quizás, a la hora de actuar contra un problema. La denuncia de CNT-Arqueología al Convenio GMU-UCO ante la inspección de trabajo forma parte de esa desesperación, creo yo, quizás, de quienes no ven otra solución para que alguien entienda de una puñetera vez que las cosas no pueden seguir así: que no se puede mantener un organismo público que cuesta lo que cuesta en la más oscura de las sombras y que no ha cumplido los preceptos por los cuales se creó: ciencia y excavación. Y no se podrán cumplir, nunca, sobre todo porque casi todos los que tenían vocación ya no están allí. Simplemente, no es posible, porque el Servicio Municipal de Arqueología ha dejado escapar (o a invitado a salir) a algunos de los mejores arqueólogos de Córdoba, no ha contado nunca con otros, y a los que mantiene, los tiene, digan lo que digan, tristemente maniatados y minusvalorados. Recordemos todas las buenas vocaciones que se han quemado en los sótanos de la Corredera. Y vaya un elogio para las que resisten. Pero hay que decir en voz alta que un organismo público es público: entonces, contratos a la luz del día, baremos ecuánimes y públicos, sueldos dignos, productividad…todo lo que allí no se cumple por más que alguien intente comernos la oreja con la fácil letra impresa. Basta de clientelismo con el bolsillo de todos.
Y esto que hoy es para la Gerencia mañana va a ser para la Delegación, Medina, el Museo…porque si algo es indispensable es la igualdad en la acción, sin preferencias. Ya nos veremos por aquí. Bien está por ello esta denuncia, y bien estarán todas las que vengan, si nada cambia. Pero, el espíritu de consenso, sin vaciedad zapateriana, no debe nunca morir.
Escribo esto al hilo de lo que Tanit, sea quien sea, ha escrito en este mismo blog: si seguimos con lo de los buenos y los malos, poco, muy poco, vamos a poder hacer. Aun así, y hasta que la Córdoba arqueológica no renazca, habrá que seguir dando leña.
Si: La administración andaluza porque está politizada hasta las trancas, porque tiene varias varas de medir, y porque le pide a los demás lo que ella no se aplica nunca a sí misma, y mil cosas más; el Convenio porque es coto cortijero de dos, de los cuales uno es dedo conminador y el otro ejecutor, y mil cosas más; la Universidad porque calla, cómodamente, faltando a su carácter inherentemente reivindicador, y mil cosas más; los arqueólogos libres porque no tienen güevos de luchar por las piedras como debían, ni por sus sueldos, ni por su dignidad, y mil cosas más; las empresas porque explotan como empresas por más que se amparen en vocaciones, y mil cosas más; el Museo porque resiste en la indolencia de una dirección incapaz que ha clausurado y amadriguerado lo que es de todos, y mil cosas más. Y POR TODOS Y CADA UNO DE NOSOTROS, ARQUEÓLOGOS INDOLENTES DE CÓRDOBA, MIL Y UNA COSAS MAS.
Esto ya, es un poco como lo de Haití: no hay más remedio hablar, después del terremoto, si es que se quiere hacer algo productivo. Basta de buenos y malos. Porque todos somos la peor calaña arqueológica que le ha podido tocar a las piedras de esta ciudad milenaria, que no sé cómo nos aguanta. Lo menos es redimirse, hablando.
Algunos seguiremos con la vía de la reivindicación y lo que tenga que venir, vendrá. Pero no hasta que fastidiemos o jodamos a los demás. No, no es ese el propósito, si así lo creéis. Seguiremos, algunos, sólo hasta que los demás quieran que hablemos de todo lo que todos sabemos. Hasta que otros empiecen a poner de su parte. Hasta ahí llega el espíritu de denuncia de algunos, o al menos de quien escribe.
Cuando sepamos refundar esta triste situación cordobesa, algunos dejaremos de dar el coñazo. Hasta entonces, vengan molinos de viento!

