CRISIS ECONÓMICA Y CRISIS ARQUEOLÓGICA: LAS DOS CARAS DE LA MONEDA.

Este artículo ha sido enviado por Tanit el Jueves, 4 Febrero, 2010

angelParece que en Córdoba ha llegado a su fin la época dorada de las masivas intervenciones arqueológicas en todos los puntos de la ciudad. El volumen de excavaciones arqueológicas realizadas en los últimos años no tiene precedentes. Pero desgraciadamente esa inusitada cantidad de actividades arqueológicas estaban ligadas necesariamente al empuje del sector de la construcción, con lo que sus objetivos estaban viciados de origen: no es posible, ni nunca lo será, compaginar desarrollo urbanístico con investigación arqueológica. La crisis económica, en la que el desplome del motor económico que suponía el sector inmobiliario ha tenido mucho que ver, ha arrastrado sin paliativos al mundo de la arqueología urbana que se nutría del incomprensible desarrollo de un PGOU que estaba proyectado desarrollar a medio y largo plazo. La ciudad creció amparada por esa burbuja inmobiliaria que ha dejado amplios sectores con urbanizaciones a medio terminar, cuando no abandonadas a su suerte.
Este es el panorama que ahora tenemos. Pero no caigamos en el pesimismo. Esta crisis económica nos está dando muchos quebraderos de cabeza, sobre todo a los que menos tenemos. Pero para el Patrimonio Arqueológico ha supuesto su salvación momentánea. Cuánto se lamentarán las generaciones venideras de lo egoístas que fuimos anteponiendo el disfrute momentáneo de la “riqueza” mal ganada a la verdadera riqueza de esta ciudad: su Historia, su grandeza pasada, los restos arqueológicos que entre todos hemos destruido.
Es el momento de una profunda reflexión. Aquí ya no caben buenos y malos. Todos nos equivocamos en algo. Todos despreciamos lo verdaderamente valioso. Creímos que el avance de la construcción permitía el avance en el conocimiento arqueológico: pero eso fue una verdad a medias, que es la peor de las mentiras. Hemos excavado mucho, pero no hemos cumplido satisfactoriamente con los objetivos que necesita una verdadera investigación arqueológica. Esos datos ya nunca se podrán recuperar. Toneladas de hormigón sepultan nuestro conocimiento del pasado. En una gran parte Corduba, Colonia Patricia, Qurtuba han muerto vilmente aplastadas por hormigón, acero y cemento. Nos hemos equivocado, reconozcámoslo.
El modelo de gestión arqueológica en la ciudad ha fracasado. No cabe discusión al respecto, pero no es el momento de buscar culpables sino soluciones: nos equivocamos en el pasado con Cercadilla, hemos vuelto a hacerlo diez años después. El hombre es el único animal que es capaz de repetir sus errores o por ignorancia o por arrogancia. De nada vale cambiar algo para que todo siga igual. Entonemos el mea culpa todos los responsables: Administración, Universidad, Empresas de Arqueología, Arqueólogos Libres, Ciudadanos, Medios de Comunicación.
¿Qué nos queda? Todavía tenemos mucho que salvar. La dignidad y la ética la hemos perdido irremisiblemente con nuestra actitud. Pero no nos obcequemos en nuestros errores. Muchos llegamos a esta profesión por vocación y caímos en las garras de un sistema capitalista que prima el beneficio económico sobre todo lo demás. Este sistema económico no permite soluciones éticas: el mercado manda, caiga quien caiga. Pero aún queda mucho por hacer. Tenemos un inmenso Patrimonio Mueble por estudiar. Es el momento de potenciar la investigación con mayúsculas, de recapitular, de saber qué hemos excavado. Afortunadamente contamos con uno de los mejores almacenes de material arqueológico que sería la envidia de los mejores museos del mundo, y no exagero. En ello han puesto el empeño verdaderos amantes de la profesión arqueológica que no han dudado en anteponer la carencia de medios con la vocación y la entrega personal porque las cosas se hagan bien. No hacen falta grandes presupuestos para que las cosas funcionen, lo que se necesita es determinación. Pero no es suficiente, se necesita una verdadera apuesta por parte de la Administración para que este Museo sea un referente a nivel mundial. Un museo no puede convertirse en un “guardacajas”. O es un centro de investigación o no es nada. La semilla está puesta, y en que mejor sitio que en un silo. Sólo queda que germine y que todos hagamos nuestro el último reducto de la investigación arqueológica que queda en Córdoba.


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